Escrito por D.Santiago Arellano, on 19-05-2010 07:49
¿A quién no le ha llegado al alma el poema de Machado que tantas veces hemos oído cantar y, hasta si no cantado, nos hemos atrevido a gritar? El poema es simple, con un toque de rebeldía que parece poner fin a una vieja discusión, a una vieja creencia que había traspasado los siglos y llegado hasta nosotros. El poema parece decir, desengáñate, que no hay ruta que seguir, que cada camino lo hacen nuestros pasos día a día. ¿Pero no existía un camino del bien y un camino del mal? Tras la voz de Machado parece que se esfuma la ancestral sabiduría. Padres, reflexionad sobre el asunto.
Si el poema no encerrase una verdad, no nos hubiera llegado al hondón del sentimiento. Ya lo creo que la contiene. Pero al mismo tiempo pone en peligro una verdad no menos cierta y no menos fecunda.. Precisamente porque somos personas, seres únicos e irrepetibles, nadie repetirá existencialmente nuestra vida. En este sentido es verdad que nuestro vivir traza sendas al andar que se borran como las estelas efímeras que trazan las naves sobre el mar. En este sentido es verdad que el camino son las huellas que, al mismo tiempo que caminamos, construyen el camino y se borran como se evapora el rocío en los prados.
Última actualización el Lunes, 19 de Julio de 2010 10:38
Escrito por D.Santiago Arellano, on 27-04-2010 16:50
No me es posible ofrecer, en el espacio de esta página, el texto completo de la carta que le dirige Juan Rufo a su hijo, exponente de un hermoso tratado de educación católica. Son cerca de cuatrocientas redondillas. En ellas va trasmitiendo a su hijo su visión de la vida y los valores que desea que su hijo incorpore a su ser personal, cuando sea mayor. Juan Rufo, alejado de su familia por razón de su cargo, secretario de Don Juan de Austria, le escribe esta carta a su hijo cuando está a punto cumplir tres años. La primera parte se ha convertido en un documento en el que recoge todos los juegos infantiles. El poema se cierra con ese epílogo genial en el que resume en cuatro versos la visión de la vida de un español verdadero, presagio del barroco, pero ya entorno a 1570:
Inclusa
La vida es largo morir,
y el morir, fin de la muerte:
procura morir de suerte,
que comiences a vivir.
Última actualización el Martes, 27 de Abril de 2010 16:55
Escrito por D.Santiago Arellano, on 12-01-2010 19:20
Dime Padre común pues eres justo
¿Por qué ha de permitir tu providencia
que, arrastrando prisiones, la inociencia,
suba el fraude a tribunal Augusto?
Quién da fuerzas al brazo que robusto
hace a tus leyes firme resistencia,
que el celo, más que la reverencia,
gima a los pies del vencedor injusto?
Vemos que vibran victoriosas palmas
manos inicuas, la virtud gimiendo
del triunfo en el injusto regocijo."
Esto decía yo, cuando riendo
celestial ninfa apareció, y me dijo:
"¡Ciego!¿Es la tierra el centro de las almas?"
No es infrecuente que se nos altere la paciencia al ver que no siempre el bien tiene la recompensa asegurada, al menos en este mundo. Uno quiere que sus hijos, allegados o próximos, cuando son honestos y honrados en su vivir y en su pensar, tengan el reconocimiento merecido de su rectitud. Mas ¡en cuántas ocasiones la experiencia evidencia lo contrario, hasta hacernos perder en ocasiones la certeza en la conveniencia del bien obrar!. Estamos tratando de un asunto de extrema importancia para la educación.
La picaresca y el realismo conformista afirman sin sonrojo que al bueno se lo comen hasta las moscas y que debemos medir a los demás con la vara de medir que se encuentre en uso. Con estas claves, el desenlace final estamos hartos de conocerlo, es el que la historia nos repite: la violencia; que se da en las grandes escalas y, por desgracia también, en las reducidas de los ambientes familiares. La astucia, el engaño, la mentira, el fraude, la desconsideración, la traición, con guanta blanco o de hierro, sale a menudo mejor parada que la virtud, aunque después seamos testigos del sufrimiento…
Última actualización el Jueves, 21 de Enero de 2010 20:09
La polémica sobre la retirada de los crucifijos de las escuelas españolas, de plena actualidad tras la maniobra del PSOE, nos sitúa una vez más ante ese debate abierto, nada pacífico, sobre la presencia de símbolos religiosos en nuestra sociedad.
Mi posición en esta cuestión es la siguiente. Soy un laicista convencido. El cristianismo defiende y promueve una clara distinción entre Estado y religión. Por eso soy laicista. No quiero a ningún gobierno promulgando leyes a favor de la asistencia a misa, obligando a los ciudadanos a adorar a un Dios determinado o exigiendo el cumplimiento de unas devociones.
Defiendo la libertad de las conciencias por encima de cualquier totalitarismo, una idea por cierto muy cristiana. De ahí, por ejemplo, la hostilidad que mostró el nazismo hacia los hombres de fe, también hacia los católicos. Una animosidad que se basaba en la idea de que el Estado lo es todo.
Dicho esto, no entiendo a quien dice que en la vida pública no debe haber sitio para Dios. La religión ofrece al hombre una visión para toda la vida, no sólo para la espiritual. Para quienes defienden los valores fundamentales de la fe, estos deben manifestarse también públicamente.
Última actualización el Viernes, 01 de Enero de 2010 11:47
Escrito por D.Santiago Arellano, on 20-05-2009 14:52
TEMA DUODÉCIMO: UNA OPCIÓN INADECUADA
-“Así que, padre, dijo Ciro, si es útil conocer ambas conductas: beneficiar y perjudicar a los hombres, se nos debían haber enseñado también ambas en el caso de los hombres.
Última actualización el Miércoles, 13 de Enero de 2010 17:50