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El poeta Carlos Murciano define al fútbol como “ el descansillo de la escalera de la semana”. Puede que se quedara corto, pues, ya todos los días y a todas horas, el “deporte rey” señala el ritmo de la vida de muchas personas.
Los lunes se llenan de comentarios alegres o agresivos. Los martes, miércoles y jueves son bien coperos, bien europeos. Los viernes se recuperan los lesionados y se abren nuevas esperanzas al leer las futuras alineaciones. Los sábados se practica el “sillón-bol” con el partido de la tele. Y los domingos...los domingos, por supuesto, café, copa, algún puro y fútbol, mucho fútbol.
Incluso el carácter de las personas y su biorritmo los marca este deporte. Caras alegres, malos cuerpos, sonrisas burlonas, bromas pesadas, noches de ensueño o de pesadillas, futuro esperanzador, indigestiones, estados de euforia, dependen de los resultados de los equipos propios o ajenos.
Carruseles, tiempos de juego, goleadas, marcas, largueros y un largo etcétera nos informan al momento, nos persiguen, nos enganchan.
Dichoso fútbol, fútbol dichoso.
En definitiva, que, para bien o para mal, el fútbol está ahí. No es posible negarlo, ni obviarlo. Aprovechémonos de su “juego”, de su “táctica” y de su “estrategia” para llevarlo al “campo” que nos conviene. En este caso, para aprender, mediante la lectura de libros y periódicos y la audición radiotelevisiva, el lenguaje del mundo balompédico. Bien entendido que ni es un trabajo el presente exhaustivo, ni pretende ser original. Sólo que el lector aprecie y valore este idioma exclusivo, esta jerga, que es, paradójicamente, conocida por todos, sobre todo por los futboleros.
Se comentará, pues, a continuación, algunos aspectos interesantes de este lenguaje.
Comienza el partido, primer tiempo.
¿Fútbol o balompié?
La palabra fútbol, y la menos usada futbol, proviene del inglés football, compuesto de foot “pie” y ball “pelota”. Por lo tanto, fútbol debería significar la pelota para jugar con el pie y no el deporte de equipo practicado por dos conjuntos de once jugadores con una pelota esférica.
En un principio, los carteles y los encabezamientos de este deporte hablaban de Foot-Ball. El poeta sevillano F. Villalón lo convirtió en Foot-Booll, primer paso para la castellanización de la pelota inglesa.
Football, voz inglesa ajena al español, podía haber entrado por su traducción (calco semántico): ‘piebalón’, ‘balón-pié’, ‘balompié’, ‘pelotapié’, “bolapié”... o por una adaptación de la palabra según el sistema fonológico español, ( préstamo): fútbol, más corta y rotunda que la anterior y que es la que ha triunfado. Puede explicarse esta elección como economía lingüística, tendencia de cualquier lengua a la máxima información con el mínimo esfuerzo.
De todas formas, balompié, menos usado, defendido por Mariano de Cavia, se encuentra en los nombres Betis Balompié, Albacete Balompié, Balompédica Linense y en las letras de algunos himnos de equipos argentinos.
Nombres de los equipos
Puede ser interesante repasar los nombres de los clubes que hay actualmente en la liga española. Casi todos los equipos llevan el topónimo de la ciudad a la que corresponden. Así Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, etc. Excepciones son el Alavés, Celta, Betis, Espanyol, Osasuna, Real Sociedad y Rayo Vallecano.
Varios de ellos se apellidan “Reales”, otros “Atléticos” y menos, “Deportivo”, “Rayo” y “Unión”.
También encontramos los “Racing”, los “Sporting” los “Gimnásticos”, los “Polideportivos”, los “Rapid”, los “Recreativos” y los “Balompédicos”.
Algunos se denominan familiarmente como “el Pupas”, “el Atletic”, “el Decano”, “el Dépor”, “Nástic”, “el Submarino amarillo”, y a sus seguidores, “los culés”, “los chés”, “los charrúas”, “los chicharreros”, “los leones”, “los periquitos”, “los pimentoneros”, etc.
Si nos fijamos en el fútbol regional navarro llaman la atención los nombres de Peña Sport, Aluvión, River Ega, Injerto, Huracán, Ondalán, y todos los que se designan con nombres en vasco, como Izarra, Azkoyen, Oberena, Beti Onak, etc.
Bueno sería conocer el porqué de cada nombre y su significado.
Los colores
Los colores de un equipo se llevan en el corazón, se aman, dan la vida al aficionado, se siguen hasta la muerte. Es un orgullo defender los colores y una tradición ser fieles a ellos. Los forofos besan o lloran las camisetas con los colores de su club y enarbolan al viento las bufandas al comienzo del partido. Uno es rojillo, blanco o azulgrana… y vale.
Tradicionalmente, los colores de los equipos españoles son tres: blanco, rojiblanco y blanquiazul. A éstos hay que añadir el rojo, el azul, el amarillo, etc., y los compuestos, el azulgrana, el verdinegro, el albinegro el albivioleta, etc. Por los colores eran reconocidos los equipos y ellos han dado lugar a que a los jugadores se les llamen “merengues”, “rojillos”, “colchoneros”, “arlequinados”, “granotas”, “azulones”, “manguiverdes”, etc.
A veces, la elección de los colores no es una casualidad o un capricho. El Betis, el Huelva, el Córdoba llevan los colores de la bandera de Andalucía. Lo mismo les pasa al Valladolid, a Osasuna, a la Real Sociedad, al Oviedo, al Celta y a otros, que llevan los colores y los escudos de su región o ciudad. Por eso, a veces, son “más que un club”.
Cada vez, por los diseños modernos de las multinacionales, por la obligación de tener varias equipaciones y por la necesidad de obtener dinero por parte de los clubes, es más difícil identificar a un equipo en sus colores, pues varían con las modas deportivas.
Pero los tradicionales colores se llevan en el alma.
Los apodos
El mundo del fútbol siempre ha magnificado a los grandes jugadores y les ha adjudicado una serie de apodos con los que han entrado por la puerta grande en la historia de este deporte, tal como los reyes o los grandes personajes históricos.
¿Quién no recuerda a Ramallets el Gato de Maracaná, a Di Stéfano la Saeta Rubia, a Zamora el Divino, a Gento la Galerna del Cantábrico, a Iríbar el Chopo, etc.? Seguramente, los ya maduros podrán añadir muchos más ejemplos.
Denominaciones cariñosas, usadas mucho en Hispanoameérica, se encuentran en Pelusa Maradona, Pibe Valderrama, Peluche Ramos, Chatito Ortiz, el Pipa Gancedo, Xavi la Computadora, el Kun Agüero, etc.
También se han empleado apelativos descalificadores como el Moco López, el Loco Abreu, el Pirata Fuente, el Jorobado Álvarez, etc.
En los apodos hay un sentimiento de admiración. Por eso es chocante encontrarse con motes de animales como el Tiburón Armentano, el Conejo Saviola, el Toro Acuña, el Pato Fillol, el Ratón Ayala, el Mono Burgos, el Lobo Diarte, el Burrito Ortega, la Pulga Messi, etc. Pero aún es más sorprendente cuando son nombres de animales en femenino, usados en México: Esquivel la Matona, la Sardina López, la Yegua Camarena, Pedro Olivares la Perra, etc. Se supone que sin ninguna intención insultante.
También a un equipo o a un grupo de jugadores se les ha llamado por sobrenombres: los Cinco Magníficos del Zaragoza, los Magiares Mágicos de Hungría, los Tres Puñales del Atlético de Madrid, el Dream Team del Barcelona, la Stuka del Sevilla, la delantera barcelonista de la Cinco Copas cantada por Serrat, la Delantera de Seda del Atlético de Madrid, la Quinta del Buitre, los galácticos, etc.
Seguro que se puede ampliar las listas anteriores a poco aficionado que se sea.
Y aunque no tengan nombre específico, ¿quién no recuerda y recita de corrido el equipo completo del Atlético de Bilbao o del Real Madrid o del Barcelona o de su ciudad o pueblo, el de las mejores épocas, cuyos nombres están grabados para siempre en su memoria?
Esta admiración por los ídolos ha hecho que muchas veces se ha soñado con emularlos y con creerse Puskas, Basora, Zarra, Gaínza, Maradona, Pelé, Raúl, Rivaldo, Guardiola, Messí, Casillas, Iniesta, Villa, incluso eligiendo estos nombres para llamarse en el momento de comenzar un partido o para llevarlo en su camiseta. Y puede ser que se eligiera tanto por querer semejarse a ellos por un momento, como con la esperanza de que el ídolo le traspasara parte de su ciencia futbolística y de su fama.
Aportaciones del lenguaje balompédico
Muchas expresiones del mundo futbolístico han pasado a la conversación común o callejera. Frases como “ha tenido un hijo de penalti”, “se ha quedado en fuera de juego”, “le han marcado un gol”, “está tirando balones fuera”, “habla mucho, pero no pisa área”, “está a la defensiva”, “ésa te ha pasado rozando el larguero”, “tiene más moral que el Alcoyano”, etc. son ejemplos “a bote pronto” de la utilización de términos de este deporte en el habla coloquial.
Ejemplos de que el fútbol traspasa su ámbito y trasciende a la vida cotidiana.
Un descanso para tomar un respiro y tendremos pronto el segundo tiempo. |